El 2025 será recordado como el año en que el turismo dominicano dejó de demostrarse y empezó a confirmarse. No fue solo un año de cifras récord; fue un año de validación. Validación de un modelo, de una estrategia y de una visión que, con aciertos y ajustes pendientes, ha convertido al turismo en uno de los pilares más estables de la economía nacional.

La República Dominicana cerró el año superando nuevamente los 11 millones de visitantes, una cifra que ya no sorprende, pero que sigue teniendo un peso enorme cuando se analiza en contexto. Más importante aún es lo que ese número representa: generación de divisas, empleo directo e indirecto, dinamización del comercio, del transporte, de los servicios y, sobre todo, estabilidad en un entorno regional y global cada vez más incierto.

No fue solo crecimiento, fue madurez

Lo que distingue al 2025 de otros años récord es la madurez del modelo turístico. El país no creció por inercia ni por moda. Creció porque se consolidó una combinación de factores: conectividad aérea, inversión privada sostenida, presencia internacional estratégica y una narrativa país más clara y consistente.

El turismo dominicano dejó de depender de un solo mercado emisor, de una sola temporada o de un solo producto. Hoy recibe turistas de Norteamérica, Europa, Sudamérica y el Caribe, con estancias más diversificadas y con una oferta que empieza a ir más allá del sol y playa tradicional.

Inversión que no se anuncia, se ejecuta

Otro rasgo distintivo del 2025 fue el volumen de inversión que se mantuvo en ejecución. Miles de nuevas habitaciones entraron en operación y otras tantas quedaron en construcción, proyectando crecimiento real para los próximos años. La inversión turística no se detuvo, incluso en un contexto donde otros sectores comenzaron a mostrar señales de desaceleración.

Esto no es menor. En turismo, la inversión que se ejecuta hoy es la ocupación, el empleo y la derrama económica de mañana. El 2025 dejó sembrada buena parte del crecimiento que se verá reflejado en 2026 y 2027.

Conectividad aérea: cuando el país decide abrirse más

Si hubo un factor silencioso pero determinante en 2025, fue la conectividad aérea. La República Dominicana entendió que no se puede seguir creciendo solo con los mismos mercados y las mismas rutas, y actuó en consecuencia.

El año estuvo marcado por la apertura de nuevas rutas, el aumento de frecuencias y, especialmente, por la expansión de las aerolíneas dominicanas, que asumieron un rol protagónico en la conectividad regional e internacional. La apertura de rutas hacia Sudamérica, el Caribe y nuevos puntos de Norteamérica no solo facilitó la llegada de turistas, sino que posicionó al país como un nodo aéreo cada vez más relevante.

Las aerolíneas dominicanas dejaron de ser actores secundarios y comenzaron a jugar en la misma mesa que las grandes compañías internacionales. Eso fortalece la soberanía aérea, mejora la competitividad y amplía el alcance del destino país.

Presencia internacional con propósito

El 2025 también marcó un cambio en la forma en que la República Dominicana se presentó en los foros internacionales de turismo. Ya no se trató solo de «estar presentes», sino de negociar, cerrar acuerdos y atraer inversión.

La participación del país en ferias y foros internacionales fue activa y estratégica. Se habló de rutas, de inversión, de nuevos destinos, de sostenibilidad y de diversificación. El turismo dominicano dejó de venderse solo como producto y empezó a venderse como plataforma de inversión y desarrollo.

Infraestructura: el soporte del crecimiento

Nada de esto sería posible sin infraestructura. El 2025 mostró avances importantes en conectividad vial, aeropuertos, puertos turísticos y servicios básicos en zonas estratégicas. La infraestructura no genera titulares ruidosos, pero es lo que permite que un destino funcione, crezca y se sostenga.

El fortalecimiento de accesos, la mejora de aeropuertos y la expansión de servicios en zonas emergentes permitieron que el crecimiento turístico no se concentrara únicamente en los polos tradicionales, abriendo oportunidades en nuevos territorios.

El turismo como amortiguador económico

En un año donde otros sectores económicos comenzaron a desacelerarse, el turismo volvió a cumplir su rol de amortiguador. Generó divisas, sostuvo el empleo y mantuvo activo un amplio ecosistema productivo.

Este comportamiento reafirma algo que ya es evidente: el turismo no es solo un sector más; es una columna vertebral de la economía dominicana. Su estabilidad se traduce en estabilidad país.

2026: más que crecer, consolidar

Con todo lo logrado en 2025, el 2026 no será un año para improvisar. Será un año para consolidar. El reto ya no es romper récords, sino sostener el crecimiento con calidad.

Eso implica proteger los recursos naturales, evitar la saturación de los destinos maduros, integrar más a las comunidades locales y elevar los estándares de servicio. También implica seguir apostando por la diversificación: nuevos destinos, nuevos segmentos y nuevas experiencias.

El mercado latino jugará un rol clave en esta etapa. Un turista e inversionista más cercano, más informado y con mayor interés en repetir, invertir y establecer vínculos con el país.

Un cierre necesario

El 2025 confirmó que el turismo dominicano dejó de ser una promesa y se convirtió en una certeza. El 2026 tiene todo para ser un año aún mejor, pero también más exigente.

La República Dominicana ya demostró que puede crecer. Ahora le toca demostrar que puede crecer bien.

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