Timothée Chalamet atraviesa uno de los momentos más álgidos -y comentados- de su carrera.
Nominado al Óscar y recientemente consagrado con su primer Globo de Oro tras cinco candidaturas, el actor protagoniza Marty Supreme, una película tan eléctrica como su personaje principal.
El filme, que se estrena hoy en las salas de cine dominicanas, lo muestra como un joven charlatán, soñador empedernido y obsesivo, decidido a convertir un deporte ignorado en su pasaporte personal hacia la gloria.
Pero el reconocimiento no ha llegado solo. Además del Globo de Oro a Mejor Actor en comedia o musical -convirtiéndose en el intérprete más joven en ganar en esta categoría-, Chalamet también se alzó con el Critics Choice Award, consolidándose como uno de los favoritos en la carrera por el Óscar.
Un recorrido que, para él, tiene un significado especial. “Mi padre me inculcó un espíritu de gratitud cuando era niño: ‘Siempre hay que estar agradecido por lo que se tiene’”, dijo con el Globo de Oro en la mano.
“Eso me ha permitido salir de la ceremonia en el pasado con las manos vacías y la cabeza alta, agradecido simplemente por estar aquí. Pero mentiría si dijera que esos momentos no han hecho que este sea mucho más dulce”.
En Marty Supreme, Chalamet interpreta a Marty, un joven del Lower East Side de Manhattan a comienzos de los años cincuenta, convencido de que su destino es convertirse en el mejor jugador de tenis de mesa del mundo.
Un sueño desmedido para alguien que, al inicio de la historia, parece invisible para el resto del mundo.
“Marty es un joven ambicioso que quiere ser reconocido como el mejor jugador de tenis de mesa del mundo”, explica el actor.
Ese contraste -entre el talento real y el anonimato absoluto– es el motor de una historia que avanza con el pulso acelerado característico de Josh Safdie, guionista y director del filme, quien coescribió el proyecto junto a su colaborador habitual, Ronald Bronstein. Para Safdie, Marty encarna algo más grande que una simple obsesión deportiva.
Un actor en el horizonte
Antes de escribir una sola línea del diálogo, el director pensó en Chalamet. Se habían conocido años atrás y mantuvieron el contacto mientras la carrera del actor despegaba tras Call Me By Your Name.

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“Tenía una seriedad única que encajaba perfectamente con el soñador ingenuo que estábamos creando”, recuerda Safdie.
- El resultado es una película fresca, veloz y divertida, sostenida por un reparto de alto calibre.
Junto a Chalamet desfilan nombres como Gwyneth Paltrow, Tyler Okonma (Tyler, the Creator, en su debut cinematográfico), Kevin O’Leary, Abel Ferrara, Fran Drescher, Emory Cohen y la revelación de Odessa A’zion, quien interpreta a Rachel, la novia incontrolable de Marty.

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Para Chalamet, trabajar con Safdie era una meta largamente deseada. “Josh es el tipo de director con el que he querido trabajar desde hace siete años”, afirma.
“Sus películas son realmente improvisadas. La estrategia consiste más bien en planificarlo todo hasta que sea un caos”. Y ese caos controlado es, justamente, lo que le da a este filme su energía particular.
Lejos de idealizar el éxito, la película explora el costo de perseguir un sueño que nadie más comparte.
Porque Marty Supreme no es solo la historia de un jugador de tenis de mesa. Es una mirada íntima sobre creer cuando nadie más lo hace, sobre avanzar incluso cuando el mundo mira hacia otro lado.
Y, al mismo tiempo, es la confirmación de que Timothée Chalamet no solo interpreta a los soñadores de su generación: hoy, claramente, es uno de ellos.
La semilla de la película tiene un origen íntimo. Safdie se apasionó por el tenis de mesa desde niño, jugando con su padre y escuchando las historias que su tío contaba sobre los grandes marginados del Nueva York del siglo XX que gravitaban alrededor de este deporte.
Años después, mientras terminaba Uncut Gems, su esposa encontró en una tienda de segunda mano un libro escrito por Marty Reisman, un prodigio judío del tenis de mesa neoyorquino.
Esa lectura abrió la puerta a un universo inesperado que los sumergió en archivos, historias y fragmentos olvidados, hasta que el personaje de la cinta, lleno de contradicciones, comenzó a tomar forma propia.
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