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Nasry Asfura, quien asumió este martes la Presidencia de Honduras, se perfila como una figura singular en la política nacional: un empresario convertido en gestor público que, al menos durante su paso por la alcaldía de Tegucigalpa, supo conjugar la empatía humana —ese trato cercano que le valió apodos como Tito o Papi Orden— con una disciplina firme en la administración.
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Autor: Mario Mendez
Fuente: Feed: Economia
