La historia alemana tiene tantos matices que es difícil no interesarse en ella. Libros, películas y documentales han retratado lo vivido en la Segunda Guerra Mundial, en el siglo XX y, conforme han pasado las décadas, la misma historia recoge cómo la nación se ha superado, al punto de que la economía alemana es la mayor de Europa y ocupa el tercer lugar a nivel mundial en términos de PIB nominal, solo por detrás de Estados Unidos y China.
Con los años se ha creado una imagen de que el alemán es frío y poco amigable. Esto se alimenta con los cientos de contenidos que aparecen en las redes sociales; memes, humor negro y exageración, especialmente con el acento y la entonación. Y ni hablar de sus miradas fijas, el famoso «German stare».
Este estereotipo (imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad) puede confirmarse o contrastarse conociendo el país. En mi viaje por Alemania pude comprobar que es un mito que son fríos e intratables.
Todo comenzó desde el aeropuerto internacional de Berlín en pleno invierno. Al preguntarle en inglés a un señor en cuál terminal se toman los Uber, éste amablemente indicó (hasta con señas), hacia dónde dirigirse. La primera impresión fue que no hubo temas ni miradas incómodas por no hablar ni entender su idioma. Fácilmente se puede encontrar a un alemán que hable inglés o español.
En cuanto a la calidez por la que son conocidos los pueblos caribeños como RD, Puerto Rico o Cuba, es muy poco probable encontrar a un hombre o una mujer en Alemania sonreír a la primera o que la alegría les brote por los poros. Pero la cortesía y la educación son lo primero que salta a la vista.
Lo siguiente es la seguridad en los monumentos históricos. No se trata de que policías custodien los lugares como la puerta de Brandeburgo, el Reichtag o el Muro de Berlín, sino que se siente un ambiente de respeto y pluraridad.
Entretenimiento, plazas, compras, gastronomía, en este lado de Europa se aprecia un vibe de vanguardia y tecnología. Movido, jovial y presente, así fue recorrer el centro de Berlín, en el distrito Mitte.
Para muestra, una visita a Alexanderplatz lo vale todo. En este epicentro comercial se encuentra lo top top de las marcas americanas y europeas. Otro mito desmontado de que puede ser bastante caro ir.
Una de las mayores atracciones es la cerveza. Locales, muchísimas. Son baratas, como toda Europa. Y un buen bar estilo Irish Pub con música en vivo, harán de la estadía un cierre con broche de oro.
Si te quedas con ganas de conocer más de Alemania, la ciudad de Colonia y su imponente catedral te impresionará. Al transitarla, nadie creería que 80 años atrás quedó en ruinas y solo la iglesia quedó de pie como punto de referencia. Una muestra de la resiliencia de su pueblo.
Y hablando de estereotipos, ciertamente los dominicanos somos únicos: alegres, carismáticos, ruidosos, y esto puede ser difícil de asimilar con muchas culturas. La clave está en conocer otras tierras respetando sus costumbres y realidad.
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