La llegada de una mujer a la presidencia en América Latina ha sido, históricamente, un hecho excepcional más que la norma.
A pesar de que las mujeres constituyen más de la mitad de la población en la mayoría de los países de la región, el acceso a la jefatura de Estado ha estado marcado por obstáculos culturales, estructuras partidarias cerradas y contextos políticos adversos.
Sin embargo, a lo largo de las últimas cinco décadas, varias líderes han logrado romper ese techo de cristal, dejando una huella política que continúa influyendo en el presente.
El primer gran hito ocurrió en 1974, cuando Isabel Perón asumió la presidencia de Argentina tras la muerte de Juan Domingo Perón.
Aunque no fue electa por voto directo, su llegada al poder convirtió a América Latina en pionera mundial en cuanto a mujeres en la presidencia. Este precedente, sin embargo, no abrió inmediatamente las puertas a una participación femenina sostenida en el máximo cargo político.
Presidentas electas y presidentas por sucesión
Un rasgo recurrente en la historia regional es que varias mujeres llegaron a la presidencia en contextos de crisis o vacíos de poder.
Casos como los de Lidia Gueiler en Bolivia, Rosalía Arteaga, Jeanine Áñez o Dina Boluarte reflejan cómo muchas asumieron el cargo en medio de transiciones políticas convulsas. Estas presidencias, aunque breves en algunos casos, forman parte esencial del mapa del liderazgo femenino en la región.
En contraste, otras mujeres lograron consolidarse a través de elecciones competitivas, inaugurando una nueva etapa. Violeta Chamorro marcó un antes y un después al ganar las elecciones nicaragüenses de 1990, convirtiéndose en la primera mujer electa democráticamente como presidenta en América Latina.
La marea rosa y el liderazgo femenino
Desde inicios del siglo XXI, el ascenso de gobiernos progresistas, conocido como la “marea rosa”, coincidió con una mayor visibilidad de mujeres en la presidencia.
Figuras como Michelle Bachelet, Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rousseff y Xiomara Castro no solo llegaron al poder mediante elecciones, sino que también lograron consolidar agendas propias en contextos políticos complejos.
Bachelet y Fernández de Kirchner destacan por haber completado dos mandatos, algo inédito para mujeres en la región durante años. Estas experiencias demostraron que el liderazgo femenino no era una anomalía, sino una posibilidad real dentro de sistemas democráticos consolidados.
Mentores, alianzas y herencias políticas
Un elemento común en varios de estos liderazgos ha sido la presencia de figuras masculinas influyentes en su ascenso. Rousseff fue impulsada por Luiz Inácio Lula da Silva; Claudia Sheinbaum es heredera política directa de Andrés Manuel López Obrador; y Fernández de Kirchner sucedió a su esposo, Néstor Kirchner.
Este patrón no invalida sus trayectorias, pero sí evidencia las dinámicas de poder dentro de los partidos y la dificultad de las mujeres para abrirse paso sin redes políticas ya establecidas.
Claudia Sheinbaum y el presente de la región
A octubre de 2024, Claudia Sheinbaum se convirtió en la presidenta electa en México.
Su victoria no solo fue histórica por ser la primera mujer en gobernar ese país, sino también por la contundencia del respaldo electoral. Sheinbaum representa el estado actual del avance femenino en la región: significativo, pero aún limitado en número.
Delcy Rodríguez, un caso singular en el contexto venezolano
Un aspecto particular en la región es el de Delcy Rodriguez, quien ha asumido la presidencia de Venezuela en un contexto excepcional y no electoral. Rodríguez, abogada y veterana política venezolana, se desempeñó como vicepresidenta desde 2018 y fue designada como presidenta encargada del país tras la captura del presidente anterior en enero de 2026.
La decisión de que Rodríguez asumiera el cargo fue tomada por el máximo tribunal del país como medida para garantizar continuidad administrativa y liderazgo institucional en un momento de profunda inestabilidad.
Aunque no fue elegida por voto popular, y su papel es catalogado como interino o encargado, su presencia al frente del Ejecutivo venezolano marca una excepción significativa en la región. Su caso demuestra cómo las mujeres pueden llegar a la presidencia incluso en contextos políticos particulares, aunque por vías distintas al proceso electoral tradicional.
Costa Rica elige por segunda vez una presidenta
Uno de los acontecimientos más recientes y relevantes es la elección de Laura Fernández Delgado como presidenta de Costa Rica. Su victoria en las elecciones de febrero de 2026 la convierte en la segunda mujer electa para ese cargo en el país y confirma que el liderazgo femenino sigue ganando espacio en Centroamérica. Laura Chinchilla, fue presidenta de Costa Rica en el periodo 2010-2014.
Con una trayectoria como ministra clave en la administración anterior, Fernández Delgado, politóloga, divorciada y católica que favorece el aborto, en casos necesarios, encarna una nueva generación de políticas que han construido su camino desde la gestión pública y no únicamente desde el simbolismo.
República Dominicana y una mirada hacia adelante
En este panorama regional, República Dominicana sigue siendo una ausencia notable. Hasta la fecha, el país no ha elegido a una mujer como presidenta, a pesar de contar con figuras femeninas influyentes en la política, el Congreso y la administración pública.
Esta realidad no implica un estancamiento definitivo, sino un recordatorio de que los avances no son homogéneos y que el futuro aún está abierto.
La historia de las mujeres presidentas en América Latina es una historia de excepciones que lentamente se transforman en precedentes. Cada elección, cada mandato y cada liderazgo femenino amplía el imaginario político de la región.
Con figuras en funciones, presidentas electas y nuevas generaciones emergiendo, el camino hacia una representación más equitativa sigue en construcción. El futuro, como demuestra la experiencia reciente, aún tiene capítulos por escribir.
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