El pasado sábado el mundo amaneció sorprendido por el arresto, casi de película, del hasta ese momento presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y la primera dama, Cilia Flores, mientras ambos dormían en una residencia —no se sabe si oficial del gobierno o privada— en Caracas, Venezuela.
A las 2:00 de la mañana, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunciaba en su cuenta de Truth Social el apresamiento de Maduro tras una operación de extracción en la que participaron 150 aeronaves, helicópteros y personal altamente entrenado para esta acción.
De inmediato, la información corrió como pólvora por todo el mundo, despertando alegría en muchos venezolanos que salieron huyendo del régimen. De hecho, según cifras de varias entidades, se estima en unos 10 millones la cantidad de venezolanos que han emigrado a diferentes partes del mundo.
Pasadas las 11:00 de la mañana del sábado 03 de enero en Estados Unidos, en Mar-a-Lago, la residencia del presidente Trump, comenzaron a darse los detalles de la operación militar que apresó a Maduro. Acompañado de los secretarios de Estado y de Defensa, Marco Rubio y Peter Hegseth, respectivamente, así como del jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, el mandatario de los Estados Unidos encabezó la conferencia de prensa.
El primero en hablar fue, obviamente, Donald Trump. Explicó la importancia de la operación y elogió a los militares norteamericanos. El segundo fue el secretario de Defensa, quien explicó el tiempo de trabajo que tomó realizar la operación. El tercero en la palabra fue Caine, un jefe militar que dio todos los pormenores de cómo ocurrió el apresamiento de Maduro. Por último, Marco Rubio dejó claro el mensaje de que Trump cumple su palabra.
Es de reconocer que la extracción de Maduro fue un éxito, ya que está detenido en una cárcel federal de Nueva York, acusado de terrorismo, narcotráfico, conspiración y otros cargos que tiene en su contra el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
Pero, tras el éxito de la operación de apresamiento de Nicolás Maduro, quedan múltiples interrogantes, como: ¿quién vendió a Maduro?, ¿quién gana con la entrega de este dentro de la cúpula chavista?, ¿soluciona la extracción de Maduro la crisis de Venezuela? Todas estas preguntas abren una línea peligrosa a corto plazo en ese país.
Es evidente que fue entregado y traicionado por parte de la cúpula chavista, que ahora buscará salvarse, quizás siendo los verdaderos responsables de lo que se le acusa a Maduro. Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta, asume el poder y, junto a su hermano Jorge Rodríguez, siempre fue fuerte dentro de un partido de reparto y cuotas de poder.
Es claro que Trump está negociando con los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López una transición, dando concesiones y buscando sacar el mejor provecho para los Estados Unidos.
La traición del entorno de Maduro: no ideológica ni moral, sino funcional. La traición que se produce cuando se comprende que el régimen ya ha caído y que es mejor recolocarse que resistir. Ahí es donde entran nombres concretos, no por conspiración, sino por lógica de poder: Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López; no como salvadores ni demonios, sino como gestores del aterrizaje.
Y aquí viene lo más incómodo: las transiciones tuteladas no liberan países, los reordenan; cambian el relato, redistribuyen poder, blanquean a unos y sacrifican a otros.
Maduro fue vendido y entregado como un manso corderito, y es sabido por muchos que quienes lo vendieron se incomodaron con el extinto líder Hugo Chávez al momento de este señalarlo como su sucesor.
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