El rápido envejecimiento de la población china, que volvió a decrecer en 2025, está obligando al país a reorganizar los sistemas de cuidados, la sanidad, el mercado laboral y el consumo, en un giro que ha situado en primer plano el coste económico y social de atender a una generación de mayores cada vez más numerosa.
Con más de 310 millones de personas mayores de 60 años y una caída sostenida de los nacimientos, China afronta un desafío demográfico que ya impacta en la estructura familiar, la fuerza laboral y el modelo de crecimiento, empujando a las autoridades a intensificar las políticas de asistencia y a las empresas a afrontar una transformación profunda.
Cuidados y sanidad bajo presión
A finales de 2025, China superó los 323 millones de habitantes mayores de 60 años, el 23 % del total, una cifra que, según proyecciones oficiales, rebasará los 400 millones en 2035.
Dentro de ese grupo, alrededor de 35 millones presentan dificultades funcionales para valerse por sí mismos, un colectivo que podría ascender a 46 millones en la próxima década, tensionando los sistemas de cuidados, la sanidad y la asistencia social.
Para aliviar esa presión, Pekín puso en marcha el pasado 1 de enero un programa nacional de subsidios para personas mayores con dependencia que contraten servicios asistenciales.
La iniciativa, lanzada por los ministerios de Asuntos Civiles y Finanzas, concede vales electrónicos mensuales de hasta 800 yuanes (unos 114 dólares) para sufragar atención domiciliaria, comunitaria o en residencias, además de servicios de rehabilitación, apoyo a la movilidad y cuidados diurnos.
Durante una fase piloto en 2025, el programa se aplicó en cuatro ciudades y tres regiones provinciales, con la distribución de 365,100 vales que se utilizaron en más de 240,000 ocasiones, por un valor total superior a los 180 millones de yuanes, según datos oficiales.
La medida se suma a otras políticas recientes para ampliar los servicios de atención domiciliaria, rehabilitación y cuidados a largo plazo, en un intento de aliviar la carga económica y emocional que asumen millones de familias ante el aumento de la dependencia entre los mayores.
Mercado laboral y pensiones
El envejecimiento acelerado también plantea retos estructurales al mercado laboral y al sistema de pensiones.
La reducción progresiva de la población en edad activa amenaza con limitar el crecimiento potencial del país, al tiempo que eleva la presión sobre la financiación de las jubilaciones y los servicios públicos.
Las autoridades chinas han reabierto el debate sobre el retraso gradual de la edad legal de jubilación, una cuestión socialmente sensible en un país donde muchos trabajadores acceden al retiro en torno a los 60 años.
Paralelamente, se observa un aumento del empleo parcial entre jubilados, especialmente en sectores como los servicios, la atención comunitaria y la logística, una fórmula que busca complementar ingresos y mitigar la escasez de mano de obra.
La falta de cuidadores ha acelerado la automatización industrial y el desarrollo de robots asistentes en la atención a mayores, en un contexto de pirámide poblacional cada vez más invertida, con menos jóvenes en el mercado laboral y más jubilados dependientes.
‘Silver economy’ y transformación social
El envejecimiento está reconfigurando también los patrones de consumo y abriendo nuevas oportunidades económicas ligadas a la llamada ‘silver economy‘, o economía plateada, que engloba desde residencias y centros de día hasta servicios médicos, rehabilitación, productos tecnológicos y soluciones de movilidad para mayores.
Según datos citados por medios estatales, el mercado chino de robots asistentes alcanzó en 2024 los 7,900 millones de yuanes (unos 1,083 millones de dólares), con una previsión de crecimiento anual del 15 % que lo situaría en torno a los 15,900 millones de yuanes en 2029.
A este segmento se suman la expansión de clínicas especializadas, plataformas digitales de atención domiciliaria y nuevas fórmulas de seguros vinculados al cuidado prolongado, como pudo corroborar EFE con empresas del sector.
Este viraje económico discurre en paralelo a una transformación social profunda. Las generaciones nacidas bajo la política del hijo único se enfrentan a una estructura familiar marcada por la responsabilidad de atender a dos padres y, en muchos casos, cuatro abuelos, lo que limita la capacidad económica de los hogares y condiciona decisiones como el matrimonio o la maternidad.
El demógrafo chino Yi Fuxian, autor del libro ‘Big Country with an Empty Nest’ (‘Un gran país con un nido vacío’), ha advertido de que el envejecimiento y la baja natalidad representan un desafío estructural para el país, con implicaciones que afectan al equilibrio social, la cohesión intergeneracional y el propio modelo de desarrollo.
Con la población en retroceso por cuarto año consecutivo y una esperanza de vida que ya ronda los 79 años, China se adentra así en una etapa marcada por la necesidad de redefinir sus políticas públicas, su estructura productiva y su organización social, en un intento por adaptarse a una realidad demográfica sin precedentes.
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